Los bolardos de la Puerta de Jerez

NOTA DE PRENSA

Sin bolardosMellaria no sabe cuál fue la causa por la que recientemente se han quitado los bolardos que impiden el tráfico de vehículos motorizados a través de la Puerta de Jerez, pero sí  que, después de la urgencia que justificara tal medida, no se han vuelto a colocar, por este motivo, hace unos días pudimos presenciar la desagradable escena de un ciudadano encarándose con el conductor de una furgoneta que pretendía tomar un atajo a través de esta parte tan bella de la muralla medieval de nuestra localidad; además, se nos ha advertido de que varios vehículos, por ignorancia o a propósito, ante la falta de vigilancia sí han podido hacerlo.

La prohibición del tráfico rodado a través de la Puerta de Jerez, además de constituir una medida de regulación de tráfico más o menos eficaz para los intereses de nuestra población, ha logrado que este monumento tan señero sufra menos deterioro que el habitual, pues el continuo paso de vehículos sólo puede contribuir a dañarlo. Por ello sólo podemos exigir al ayuntamiento que coloque los bolardos de nuevo o que destine algún tipo de vigilancia permanentemente a fin de evitar cualquier accidente o daño, tanto a transeúntes como a la Puerta.

Desgraciadamente ya no nos extraña que las autoridades no velen por nuestro patrimonio en la medida y manera adecuada, que lo utilicen sólo para intereses puntuales y ajenos al mismo porque, pese a las declaraciones sobre la obligatoriedad de cuidarlo y del orgullo de poseerlo siendo parte esencial de nuestra cultura, la permisividad ante su deterioro evidencia que los intereses de los gestores municipales (y por inacción de los provinciales y autonómicos) se centran en otros asuntos, abandonando el patrimonio tarifeño cuando no produce algún tipo de rédito que nada tiene que ver con la herencia cultural.

Recordemos a Santa Catalina: tras la suspensión por la Delegación Territorial de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente de Cádiz del expediente para cambio de calificación de parcela (medida aplaudida por Mellaria que ya en su momento presentó alegaciones en contra), ya no sabemos qué va a pasar con el Cerro. Los cascotes que se cayeron de la base del Castillo de Guzmán siguen ahí, así como la basura a los pies de la Torre del Miramar y las luminarias anunciando un “Belén viviente” sobre la puerta del castillo.

¿Alguien es capaz, con estos ejemplos y desgraciadamente muchos más, de encontrar algún indicio de que las administraciones se preocupen por el patrimonio local?

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