Carta abierta al señor alcalde de Tarifa, Juan Andrés Gil García

Estimado Señor Alcalde:

Desde Mellaria nos hemos vistos sorprendidos, como la mayor parte de la ciudadanía, por la noticia surgida desde el Consistorio que usted preside de que “el castillo de Santa Catalina es ya objeto de reformas profundas”. Como todos bien sabemos, desde que comenzó el “problema” que nos ha dejado en tan lamentables condiciones el monumento y el Cerro en general, Mellaria ha sido la primera en alertar de su estado y de la obligación que tienen las administraciones públicas en cuanto a su cuidado y mantenimiento, sin que a nuestra asociación le haya movido en este asunto, como en todos aquellos pertenecientes al Patrimonio Cultural de nuestra ciudad, ningún ánimo que no esté únicamente relacionado con la defensa del mismo.

Nuestra sorpresa, señor Alcalde y Concejal de Cultura, se debe al hecho de que no tenemos noticia alguna, ni previa ni acompañando esta su primicia, de que ya se haya emitido sentencia en el juzgado de instrucción número 1 de Algeciras con respecto a las irregularidades en la adjudicación administrativa debidas al anterior equipo de gobierno municipal, al delito patrimonial y al dela ordenación del territorio, ni tampoco levantado el veto a cualquier clase de actuación en el Cerro de Santa Catalina. Esperamos que esta actuación se esté contemplando en el marco de la legalidad y que no vaya a dar lugar a posteriores problemas de difícil solución.

Ciertamente Mellaria se alegra porque se ponga fin al abandono en el que se encuentra el Castillo de Santa Catalina y, no olvidemos, el resto del Cerro, pero nos debería aclarar a todos si esa obra ya comenzada es una actuación de emergencia o, según se lee en la información digital emitida por el Ayuntamiento, de reforma. En este último caso -sea esa obra de conservación, restauración o rehabilitación-, se exige un proyecto de conservación como dictan los artículos 21 y 22 de la Ley 14 – 2007 del Patrimonio Histórico de Andalucía y, en caso de ser una actuación de emergencia (de una emergencia que se ha ido prolongando durante 7 años, no lo olvidemos), ésta debe estar acreditada por profesional competente. De nuevo queda patente lo necesario que es, para una localidad como Tarifa, la contratación de un arqueólogo municipal cuya formación y experiencia no nos lleve a especulaciones ni actuaciones irremediables.

Efectivamente, la reforma o mera conservación de un Bien de Interés Cultural como el que tratamos no es similar a la misma actuación sobre un acerado en mal estado, al mantenimiento de unas calles limpias y agradables, etc.; y del mismo modo que un BIC no puede ser simplemente un punto de apoyo para luminarias de carácter festivo, tampoco ni una reforma ni una obra de urgencia en el Castillo de Santa Catalina puede ser efectuada a bote pronto, sin personal suficientemente preparado que sepa con qué está tratando y sin un proyecto que se adapte al monumento respetándolo y de acuerdo con las leyes. Es por eso, señor alcalde, que aún aplaudiendo el hecho de que su equipo de gobierno haya observado y acatado todas las medidas y obligaciones previas al comienzo de los trabajos, de ser así, hubiera sido muy útil que esta información hubiese aparecido junto con su bombazo informativo.

Por último, señor Alcalde, bien sabe usted que en el caso de un monumento como el Castillo de Santa Catalina no se puede proclamar que su uso principal es el turístico, por muchos aplausos que genere entre la ciudadanía la promesa implícita de creación de puestos de trabajo, (elemento muy importante y necesario en la labor política, pero ajeno a la mera defensa del patrimonio histórico-cultural), ya que el primer y exclusivo uso de un BIC es el cultural y todo otro quedará supeditado a éste, por mucho que a través de sesión extraordinaria de Excmo. Ayuntamiento Pleno se modifique el PGOU a golpe de mayoría y con la anuencia de la abstención o de la ausencia opositora para cambiar la calificación de las parcelas del Cerro de Santa Catalina. Tarifa necesita a sus monumentos, como París a la Torre Eiffel o Nueva York a la Estatua de la Libertad, pero a los originales y no a un producto turístico, a un sucedáneo como los que han levantado en Las Vegas: de oropel y fuera de su ubicación y de un uso lógico. Tarifa no se puede convertir en un parque de atracciones.

En definitiva: sí a cuidar y mantener Santa Catalina, pero no a cualquier precio.

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